La nomenclatura de archivos y carpetas es un tema que da para largo. En mis principios fotográficos, estaba más preocupado por aprender a realizar fotos decentes que en cualquier otra cosa, pero no se trataba de nombrar archivos, sino de nombrar hojas de contactos y de almacenar tiras de negativos. Recuerdo perfectamente comenzar nombrando cada hoja de contacto con una A y así daría con el negativo por ejemplo A24, o el J12, o el AH36… Sí, las letras no son infinitas.

La fotografía analógica venía en decaída y la digital florecía con fuerza. Haciendo un cálculo de costes de un año, me salió que una réflex digital reduciría los costes de seguir aprendiendo con el sistema analógico y así fue como compré mi Canon EOS 350 por más de 1.000 euros. En aquel entonces Nikon, se había quedado atrás y esta sería mi tercera cámara Canon, la primera fue la que me regaló mi abuela y con la que empecé, una cámara que casualmente compró el año en que nací en un viaje a Miami, y la segunda fue una EOS 300 analógica, pero moderna, con autofocus, importantísimo para alguien que sin gafas ve el mundo fuera de foco.

Hoy estaba un poco nostálgico, abrí la nevera y lo primero que vi fueron todos esos carretes, que llevan varios años ahí. Llegué a mi estudio y le quité el polvo a mi modesta y poco valiosa colección de cámaras analógicas, pero que para mí tienen un valor incalculable, y por último abrí una carpeta de mi archivo que contiene unos cuantos viejos negativos escaneados.

Aquí les dejo una pequeña colección de viejos recuerdos del mundo analógico, que dejaron de ser haluros de plata, para convertirse en 1 y 0, recopilados en una carpeta que se llama, “Varios_2016_Anal”.